El universo guarda muchos secretos, esperando ser desbloqueados por quienes se atreven a soñar.
La llave de esta noche abre una puerta brillante hacia un estanque tranquilo, donde una pequeña rana llamada Puddle se siente atascada.
Por más que lo intente, la vida nunca parece salirle bien. Otras ranas saltan más alto, atrapan los mejores insectos y encuentran los lirios más soleados, mientras Puddle siempre siente que va un paso detrás.
¿Pero qué pasaría si el mundo no le estuviera ocurriendo a él?
¿Y si lo estuviera creando—sin siquiera saberlo?
Esta historia está inspirada por Neville Goddard, un sabio maestro que nos enseñó que lo que sentimos profundamente por dentro, da forma al mundo en el que despertamos.
Vamos a adentrarnos en el estanque de Puddle y descubrir la magia de las emociones, la imaginación y el poder que siempre estuvo dentro de él...
Puddle se sentaba en su lirio de siempre, medio empapado y medio sombreado, observando a las otras ranas saltar y jugar.
¡Boing! ¡Boing!
Saltaban tan alto que sus barrigas tocaban la luz del sol.
Aterrizaban perfectamente en grandes lirios dorados, firmes y anchos, mientras el pequeño lirio de Puddle se tambaleaba como una tacita flotante.
Le rugía el estómago. Atrapar insectos había sido imposible ese día.
Los más jugosos siempre parecían caer cerca de Bouncer, la rana más grande y rápida del estanque.
Puddle suspiró, mirando su reflejo en el agua.
—¿Por qué todo se me hace tan difícil? —croó.
Justo en ese momento, una pequeña luz dorada parpadeó a su lado.
Una luciérnaga.
—Pensar así no te ayudará —dijo la luciérnaga, flotando frente a su nariz.
Puddle parpadeó.
—¿Y tú quién eres?
—Me llamo Lumen. Y sé algo que puede cambiarlo todo para ti.
Puddle rodó los ojos.
—A menos que puedas darme las patas de Bouncer, el mejor lirio y una panza llena, lo dudo.
Lumen simplemente brilló, como una estrellita en el aire.
—No necesitas nuevas patas. Necesitas un nuevo sentimiento. Lo que sientes antes de dormir da forma al mundo en el que despiertas.
Puddle frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Lumen se posó en una caña cercana.
—Esta noche, antes de dormir, no desees cosas. Siéntelas.
Siente lo que es tener el lirio más grande, saltar tan alto como el sol, y que la comida llegue sola a ti.
No como un sueño, sino como si ya fuera verdad.
Puddle resopló.
—Eso suena tonto. Mañana despertaré en el mismo estanque de siempre.
—Pruébalo —dijo Lumen—. Siéntelo de verdad, justo antes de dormir.
El estanque te mostrará lo que pasa después.
Y con eso, la luciérnaga se alejó volando en la noche.
Esa noche, Puddle se acurrucó en su lirio tambaleante, mirando las estrellas.
Todavía pensaba que lo de Lumen era una tontería, pero mientras sus ojos se cerraban, decidió intentarlo.
Imaginó la sensación de estirarse sobre un cálido lirio dorado—el más grande del estanque.
Imaginó la sensación de volar por el aire, con sus patas empujando más fuerte que nunca.
Imaginó atrapar un delicioso insecto sin siquiera intentarlo.
Al principio, se sintió falso, como jugar a imaginar.
Pero mientras se entregaba al sentimiento, algo extraño pasó.
Su cuerpo se sintió más liviano.
Su lirio más estable.
Su corazón, en lugar de rugir, estaba lleno.
Y así, Puddle se durmió.


